Dos lenguas, casi un beso.

 Título: Dos lenguas, casi  un beso // Two tongues, almost a kiss
Autor: Chelo Mil
Género: Poesía
Soporte: digital (PDF)
ISBN: 978-987-28308-7-8
Año: 2026

eBook: AR$ 5000.- / U$D 3.-

Descripción: Catorce poemas en español cada uno con su traducción al inglés.

Fragmento:

### 1

algo sueña en mí
al girar la almohada
al sentir el frío del ventilador a la madrugada
al dormir tapado por el aire en pleno verano

hoy fui a anotarme al gimnasio
dos veces por semana en horario de promo
voy más que nada para trabajar la postura
y para poner el cuerpo en movimiento

mentira, quiero ser como esos osos de instagram
quiero hacer propia la robustez
que tanto me gusta en los otros
que mi cuerpo sea el poema

Chau, suerte, me dijo el empleado cuando me fui
el chico es atractivo
y me libró al azar

*** 1

something dreams in me
when rotating the pillow
when feeling the cold from the fan at dawn
when sleeping covered 
    because the air conditioning
in the middle of summer

today I went to sign up at the gym
twice a week during promotional hours
I'm going mainly to work on my posture
and to get the body moving

lies, I just want to be like those instagram bears
I want to make my own the robustness 
that I like so much in others
let my body be the poem

goodbye, good luck, the employee told me as I left
the boy is attractive
and he freed me to chance

Barítono - 10: Episodio final

 Novela en episodios - Escrito por Chat GPT 5.2 y corregido por Chelo Mil

Volvió a vocalizar. No por disciplina, no por exigencia de la academia, ni por la cercanía de un estreno. Vocalizaba porque necesitaba ordenar algo adentro. El piano marcaba el camino, ascendía con prudencia y descendía con confianza, como quien conoce el camino, una escalera en penumbras.

Estaban reponiendo Turandot. Ping volvía a ser lo suyo. En el ensayo general, cuando la orquesta atacó los primeros compases, sintió que algo encajaba. No era felicidad exactamente. Era pertenencia.

Desde bambalinas escuchó a Mariano atacar el Nessun Dorma. Sonrió. Esa aria era territorio ajeno, escrita para tenor, pero no por eso dejaba de conmoverlo. Cada registro tiene su destino, pensó. El suyo no era el del héroe que vence al amanecer, sino el de quien sostiene la trama desde el medio, cálido y resonante.

Salió a escena. La acústica hizo lo suyo: la voz viajó limpia, sin micrófonos, apoyada en años de trabajo y, podríamos decir también, talento. Cantó y, mientras lo hacía, sintió que las ciudades, la noche, los bares, los viajes, los cuerpos y los recuerdos estaban ahí, contenidos en esa vibración.

Cuando cayó el telón, el aplauso lo envolvió. Y en ese instante comprendió: su voz no era solo un rango medio. Era un puente.

Barítono - 9

Novela en episodios - Por Chelo Mil

Su padre murió. Tenía cáncer hace años y en los últimos meses se deterioró con rapidez. No tocaba ningún instrumento ni cantaba, pero era un ejemplo de público, fervoroso y estimulante; aplaudía, pegaba gritos y siempre tenía una devolución positiva.

Ahora nuestro barítono estaba en la playa. Era verano y era un lugar acorde para estar, sobre la arena en la reposera, con la sombrilla para evitar el sol que cada año está más fuerte. Tenía la opción de meterse al agua, al río, y de vez en cuando lo hacía para sobrellevar el calor.

Pasaba un barco carguero, imponente, llevando seguramente cereales a algún puerto europeo. Su estela llegaba hasta las orillas, y los kayaks y las embarcaciones de menor porte lo eludían. Enfrente se veían las islas entrerrianas, con su verde virgen y un parador de tanto en tanto.

Era el atardecer, que desplegaba sus matices sobre el horizonte. Las nubes algo transparentes eran el lienzo sobre el que Dios se expresaba. Él se sentía conmovido por lo que veía y no sabía por qué. 

Sucede que a veces, cuando se va alguien querido, éste se convierte en paisaje.

Barítono - 8

Novela en episodios - Por Chelo Mil

Bienvenidos, feliz año nuevo, nos dijeron en la recepción. Acto seguido nos ubicaron en nuestra mesa. El aire acondicionado estaba a full, y soportarlo iba a ser uno de los desafíos de la noche. Está bien que el calor en la calle era agobiante, pero no era cuestión de irse al otro extremo.

Nuestra mesa daba al ventanal, y desde ella se veía la vereda, donde había unas pocas mesas afuera ya ocupadas y por donde todavía pasaban algunos transeúntes.

Llegamos a las veintiuna y ya había una pequeña banda de jazz instrumental tocando en vivo, lo que fue una especie de caricia. Para nosotros fue una sorpresa: sabíamos de memoria el menú de la cena, que constaba de varios pasos y algunos nombres en francés, pero el detalle de la banda nos sorprendió. Empecé a preguntarme si podría unirme con la voz a algunos temas, la improvisación no era mi fuerte, pero algo podía aportar, qué sé yo, un standard, algo. Me acerqué al trompetista, y al terminar el tema lo abordé. Le expliqué que era cantante lírico, pero que algo podíamos probar. Su respuesta fue instantánea y positiva, me sumé. Mientras cantaba sentí una energía que iba desde la garganta hasta la coronilla.


Barítono - 7

 Novela en episodios - Por Chelo Mil

Iba por la ruta, en el medio de la noche, en el colectivo de larga distancia. No sabemos si merecidas o no, pero nuestro barítono se tomaba sus vacaciones. Diez días en Brasil, más específicamente en Río de Janeiro, hogar del Cristo Redentor que desde las alturas abraza la ciudad.

Él sintió por primera vez el deseo de visitar la ciudad carioca con los juegos olímpicos de agosto de 2016, que se llevaron a cabo allí. Las distintas disciplinas deportivas, el fan fest y su descontrol cerca de la costanera y el retrato de la cultura y la idiosincrasia local lo habían cautivado, aunque no podemos dejar de mencionar, también, a la vasta tradición musical del país. 

Tenía puestos sus auriculares y con el celular escuchaba música mientras a través de la ventanilla veía pasar fugaces la vegetación, los sembradíos, los animales, los alambrados y los postes. Era de madrugada y todos dormían, pero él no, disfrutaba atravesar la noche y su silencio a unos noventa kilómetros por hora en la comodidad de una butaca cama.

Ey, ¿quién te va a cuidar? En este mundo peligroso tenemos que estar juntos... cantaba Santiago Motorizado, en la breve pero estimulante “El Magnetismo”.


Barítono - 6

 Novela en episodios - Por Chelo Mil

Mientras caminaba recordaba su época de estudiante. Primero en la escuelita municipal y luego en la academia del teatro. Mientras cursaba en la escuelita vivía en una residencia estudiantil de Rosario, donde estaban alojados los de su pueblo que venían a estudiar a la ciudad. El dormitorio era compartido entre cuatro y había una cocina común y un parque enorme con mucho verde, donde muchas tardes tomaba mate con compañeros o amigos. Estaba bueno que lo dejaban vocalizar sin hacerle problemas, ya todos sabían que él estudiaba canto y lo aceptaban, e incluso lo escuchaban con disfrute. Y también aceptaban que fuera gay, pero en este caso el disfrute corría por parte de nuestro joven barítono, que al mismo tiempo que andaba el camino de la lírica, daba sus primeros pasos en el placer. Primeros torpes pasos, pero pasos al fin.

Una vez invitó a la residencia a Marcelo, un chico que estudiaba periodismo al que había conocido por chat, hace unos meses. Con él fueron a ver Kill Bill al cine, y repararon en la salpicadura de sangre enmarcada en un cuadrito blanco, en la pared de un decorado.

Pero ahora estaban solos, en el dormitorio, dando lugar al deseo. 

Presentación: libro Nuestro lado B

De Carolina Andrea Silva 

Presentación FILRos 2025

El libro consta de 5 relatos: El reencuentro, Una tarde diferente, El viaje, Las primas y El trámite. Como dice la contratapa estos transcurren en Córdoba, en los años noventa. Narrativa desde lo femenino, cierta oscuridad y guiños LGBT.

El reencuentro

Este relato narra el reencuentro, después de 15 años, entre dos hombres, Miguel y Alfredo, en la fiesta de bodas de plata de la promoción ‘94 del Instituto Sagrado Corazón, una institución religiosa.

Miguel es descrito como canoso, robusto, elegante, seguro de sí mismo, solitario, sincero. Alfredo, por su parte, dice la narradora que envejeció con cierta gracia, que “la furia había desaparecido”, y que aparecía la “vergüenza (…) como bandera blanca”.

Lo que los distanció hace 15 años fue un conflicto en el casamiento de Laura, su amiga en común, donde Alfredo, guiado por la homofobia, rechazó de manera violenta a Miguel. Pero, ahora, en el estacionamiento del salón de fiestas, a las 5 am, podrá redimirse, volviendo a agarrarlo de las solapas de la camisa, pero esta vez para darse un beso intenso.

Podemos decir que la evolución de Alfredo, que deja de lado la homofobia, es paralela a la de la sociedad argentina en su conjunto después del matrimonio igualitario promulgado en 2010. Hoy no vivimos en el paraíso de la diversidad, pero sí hay un gran contraste entre los ‘90 y lo que sucede después del 2010, cuando el Estado reconoció al mundo LGBT.

- ¿Qué te inspiró a contar la historia de estos dos hombres?

- Aparece la homofobia como miedo y violencia ante el propio deseo, ¿cómo llegaste a una mirada así de compleja?

Una tarde diferente

El título parece aludir a un divertimento, a algo que se hace para evitar el aburrimiento pero, se trata de Celina, una bailarina clásica, que se desnuda y se sube a la baranda de su séptimo piso, a hacer equilibrio y danzar. ¿Por qué? Por despecho, y para demostrar que a pesar de su edad todavía puede dar una función electrizante.

El tránsito cortado, los bomberos, el chisme de las vecinas, su ex abajo en la calle … ¿Perderá el equilibrio? ¿O ya lo perdió al exponerse a tamaño peligro?

- ¿Por qué Chacabuco y Entre Ríos? ¿Cómo es esa esquina?

El viaje

El relato transcurre en diciembre de 1997, en principio en un colegio de mujeres.

Lourdes, Betiana y Lara deciden ir a pasar unos días a una casa en las sierras, en Cosquín. La casa es de Lara y es su madre la que convence a las otras madres.

Como marca de la época aparecen CTI como empresa de telefonía celular, los remises y el Azud Nivelador, un popular balneario de ese entonces.

Llegan y descubren que la casa no tiene luz, y tiene humedad y polvo, es de cierta forma sombría y anticipa la oscuridad por venir.

Las primas

Gladis y Rosario se criaron juntas. A los 8 años, jugando, descubrieron una caja con revistas pornográficas del padre de Rosario.

A los 18 van a bailar al Zar, el bar del pueblo vecino, donde Rosario se va con hombres y deja sola a Gladis, bailando sola en el medio de la pista.

Gladis desea a Rosario, pero no puede decírselo, hasta que un día le da un beso en el medio de la pista del boliche.

“Pero sos mi prima, boluda. No me importa, te deseo”.

El trámite

Relato en primera persona de una joven virgen que, a escondidas de su madre religiosa, se masturba y, no encuentra lugar para hablar de eso con sus amigas de la secundaria.

“Querido diario: no soy deseable”, escribiría.

A sus veinte, ya en la Universidad, tendrá una oportunidad para quitarse de encima el trámite de su primera vez.

Barítono - 5

Novela en episodios - Por Chelo Mil

Estaba en el teatro, con la compañía, en un ensayo. Entradas, salidas de personajes; agudos, graves, voces femeninas y su estridencia, voces masculinas y su calor, la orquesta y su director, el coro. La acústica del lugar era un disfrute, no hacía falta micrófonos.

En un descanso estaban todos sentados en las butacas de la platea, charlando y a las risas, cuando entró él, un hombre entrado en años, un jubilado. Se presentó y explicó para qué estaba ahí: tan simple como que cobraba la mínima y estaba pidiendo contribuciones para comprarse los remedios que le habían recetado.

Pasó uno por uno y todos le daban algo, nuestro barítono se fijó en su billetera y no tenía cambio, no podía (no quería, mejor dicho) darle 10 mil pesos. Cuando se le acercó, le preguntó si tenía cambio, y la respuesta fue que sí. Y, acá viene lo sorpresivo, antes de seguir su camino, el hombre mayor le dijo: Gracias, hermoso. Y su cabeza explotó. Supo que el jubilado no solo deseaba a otros hombres, sino que también, a su entrada edad, todavía era capaz de amar. Esto último lo intuyó, había algo en la mirada de ese hombre que se lo decía.

Barítono - 4

 Novela en episodios - Chelo Mil

Tenía el torso desnudo, al igual que su compañero de franela. Con la mano izquierda le agarraba el bulto de manera sutil, pero con firmeza, y con la derecha acariciaba sus velludos pectorales. Se besaron: primero él le mordió el labio inferior, dando cuenta de que le gustaba tanto que lo necesitaba, después entró en su boca con la lengua y permanecieron así, en comunión, unos minutos. 

Estaban en el cuarto oscuro de un boliche, un día de semana, en Capital Federal, cuya vida nocturna no conoce de días u horarios. Él era soltero, no tenía compromisos formales, y de vez en cuando viajaba e iba a lugares como éste, para dar rienda suelta a su deseo. 

La música que sonaba era tan distinta a la que él interpretaba, que sentía estar en otro planeta. Música electrónica, donde el ritmo es lo principal. Música intervenida por la tecnología, lejos de la acústica casi perfecta de un teatro para un conjunto de voces líricas y una orquesta.

¿Vamos a desayunar? Le dijo a su compañero de franela. Encontraron un bar abierto, pidieron dos promos y, entre risas y novedades, empezaron a ponerse al día, ya que hace bastante que no se veían.

Barítono - 3

 Novela en episodios - Por Chelo Mil

Estaba tomando un café por Pellegrini, mejor dicho un cortado, en jarrita, que es lo que siempre pedía. Pensaba en su infancia, de la cual tenía un buen recuerdo, había mucha música por allí. Su tío tocando la guitarra, su madre cantando; el folclore, el tango, la música clásica y, un tiempo después, los Beatles…

Hola capo, disculpame, estoy vendiendo sahumerios, tres por mil, ¿me das una mano?
Dale, ¿de qué aroma tenés?
Me queda de lavanda y jazmín.
Dame un paquete de cada uno.
Buenísimo, dos mil entonces.
Acá tenés.
Gracias capo.

En su adolescencia su recorrido musical había tenido más que ver con el rock, bandas como Nirvana lo transportaban a otro lugar, distinto, donde podía colocar su rebeldía. Durante un período más o menos largo fue vocalista de una banda de grunge, pero pronto la academia lo haría volver a lo lírico…  

Hola señor, estoy ofreciendo pañuelitos, quinientos cada uno.
¿Cómo te llamás?
Agustín.
¿Cuantos años tenés?
Diez.
Bueno, dame dos paquetitos.
Gracias, son mil pesos.
Acá tenés.
Gracias, chau.

Sentarse en la vereda del bar tenía eso, para él implicaba disponer de un dinero extra para los vendedores ambulantes, que se ganan la vida de bar en bar, de mesa en mesa… 

Barítono - 2

 Novela en episodios - Por Chelo Mil

Caminaba por las calles de su barrio, necesitaba despejarse. Después de los ensayos con la orquesta siempre quedaba cansado, hace falta mucha precisión en lo vocal, es muy demandante. Estaban preparando Turandot, y él tenía el papel de Ping, uno de los tres ministros de la ópera de Puccini. Nessun dorma es el aria más conocida, pero fue compuesta para tenor, así que él no podía hacer otra cosa más que admirar a Mariano, su compañero, quien interpretaba al príncipe que vence al amanecer.

Como decía, caminaba, con su bufanda para cuidar la garganta, y miraba los distintos comercios: la panadería 24hs, que alguna que otra vez le había calmado el hambre (o el antojo) por la madrugada, la farmacia, el local nuevo y pequeño de cosas relativas al animé, la barbería, el gimnasio, el bar, etc. La vida en la ciudad es multiplicidad, pensó, y se preguntó si podría vivir en el campo. No, o al menos no por ahora. Sucede que tanto el teatro y su escenario, como la academia, están en la ciudad. Quizás en otra etapa de su vida, una etapa en la cual ya haya acumulado todos los logros que anhelaba de lo lírico.

Barítono

Novela en episodios - Por Chelo Mil

Le gustaba vocalizar. Recorrer los acordes con la voz con la ayuda de su piano, octava tras octava. De los graves a los agudos y de vuelta a los graves, como se vuelve al hogar tras un largo viaje impuesto (si los agudos son el exilio, no quiero ni pensar lo que tendríamos que decir del falsete).

Su registro era, de alguna manera, un privilegio, fruto de condiciones naturales y también de un sostenido trabajo vocal. Ni bajo, ni tenor: barítono, “un rango vocal medio, que se caracteriza por su timbre cálido y resonante”, dice la inteligencia artificial del buscador en internet. 

Todavía, de vez en cuando, recordaba esa primera clase en que la profesora de canto se lo dijo: su registro era el de barítono. Esa profesora, de la escuelita municipal, tenía rasgos muy particulares. Una cara ovalada y armónica y pelo negro lacio, que le servía de marco a ésta. Bostezar, bostezar, esa era la clave para sacar la voz lírica, en ese primer tramo de su formación. Luego vendrían los matices, y otros recursos.

Después de la práctica prendió la televisión. Ya era de noche y estaba en cadena nacional el presidente. El hambreador, pensó.

El amor de los músicos por la música

 Crónica - Por Chelo Mil

Una vez al año la ciudad de Rosario da lugar al jazz local, regional, nacional e internacional. Este año el Festival de Jazz Rosario se llevó a cabo del 12 al 15 de junio en Plataforma Lavardén, esa pintoresca esquina de Sarmiento y Mendoza.  Treinta grupos y más de cien músicos, en tres escenarios, tocaron, improvisaron y le dieron vida a un género diverso y estimulante, donde la armonía florece como si estuviéramos en primavera (lejos de la chatura actual de los géneros urbanos). Yo, anoche, en la última fecha, fui un espectador más, de los que llenaron las salas, y lo que sigue a continuación es la crónica de ese recital.

Había que hacer algo, salir, con mi madre, a algún lado. Googlié "agenda cultural Rosario" y entré a lo primero que aparecía: el sitio web de la Municipalidad. Lo más potable que ofrecía era algo en el planetario. Volví a google y entré a otro sitio web, donde la agenda se explayaba más allá de lo estrictamente municipal. Ahí me interesaron dos opciones: por un lado el Festival de Jazz, a partir de las 19, que era gratuito y, por otro, La Madre, la obra de teatro donde actúa Cecilia Roth, a las 20 y con la entrada más barata a 7 mil pesos.
Después de dudarlo un rato elegí la obra de teatro, y con mi vieja quedamos en encontrarnos a las 19.30 en La Comedia, Mitre y cortada Ricardone. Llegamos y para nuestra sorpresa el teatro estaba cerrado, y un cartel mostraba que había habido función de La Madre el día anterior, el sábado. La esquina estaba oscura y desierta, solo algún caminante pasaba por ahí. Después de cavilar sobre el error del sitio web, decidimos, entonces, ir al Festival de Jazz, que no estaba lejos.
Atravesamos unas cuadras, emponchados por el frío, y llegamos a Plataforma Lavardén. No hay más entradas, todo agotado, nos dijeron en la puerta. Bueno, vamos al Salón de las Miradas (por calle Mendoza), que hay una exposición, así por lo menos vemos algo, le dije a mi vieja. La exposición constaba de piezas metálicas planas pulidas, colgando y con focos de luz dispuestos por ahí para poner en juego las sombras. Sonaba jazz en un set de vinilos que a mi vieja le encantó.
Y apareció él, un hombre de boina negra que estaba haciendo tiempo para el recital, que me sacó charla y que cuando le dije que no tenía entradas, se fijó en las suyas y me dio una que le sobraba, para las 20.30. Como si esto fuera poco, cuando se dio cuenta de que yo necesitaba dos, para incluir a mi vieja, le preguntó a unas señoras si les sobraba una, y sí, de hecho nos dieron la entrada que nos faltaba. Al rato dieron sala y nos sentamos más o menos a la mitad del teatro. Puntual 20.30 salió a hablar una locutora para dar cuenta de lo institucional, y luego empezó el recital. 

Carlos Casazza Quinteto estuvo conformado por Carlos Casazza en guitarra eléctrica, Rocío Giménez López en piano, Mauricio Dawid en contrabajo (o chelo, ¿hay diferencia?), Inti Sabev en clarinete y Carto Brandán en batería. Tocaron cinco temas, algunos del disco de 2023 Benarés (BlueArt), y otros inéditos. Algunas músicas me hicieron acordar a la banda de sonido de Leaving Las Vegas, aquella icónica película de los noventa que expone el amor entre un alcohólico y una prostituta. Que expone el amor... de los músicos por la música.

Nuestro lado B

Título: Nuestro lado B
Autora: Carolina Andrea Silva
Género: Narrativa
Soporte: digital (ePub, PDF), papel
ISBN: 978-987-28308-5-4
Año: 2025

eBook: AR$ 4000.- / U$D 3.-

Libro papel: AR$ 7000.-

Descripción: Cinco relatos que transcurren en Córdoba, en los noventa. Narrativa desde lo femenino, cierta oscuridad, y guiños LGBT.

Fragmento:

Celina está desnuda, de pie, apoyada sobre la baranda de ladrillo de su balcón. Un rato antes había terminado el Chardonnay helado. Después comenzó. Primero se desprendió el solero botón por botón, se lo quitó y lo hizo un bollo. Lo segundo fue el corpiño deportivo con tiras finas que se sacó por la cabeza y lo tiró al vacío. El calor de la tarde sofocante y el vino le aceleraban el corazón y ya estaba mareada. Terminó sacándose la tanga y la tiró junto al solero que estaba a sus pies. Todo fue a parar a la calle. Esa fue la primera señal de que algo extraño sucedía. Luego, el aviso de un transeúnte que logró verla sentada sobre la baranda y alertó al 101. Después, llegaron dos móviles policiales que cortaron el carril izquierdo del boulevard para dar aviso a los automovilistas que lo transitaban o a los que intentaban doblar por ahí desde la Entre Ríos.

Adiós

Relato - Por Chelo Mil

Terminé la secundaria en el Poli e intenté irme a estudiar a Buenos Aires. El Traductorado de Inglés de Capital tenía un edificio lindo de ladrillo visto, en un barrio pintoresco, y en su examen de ingreso repetí mucho el término “just” en el texto que había que improvisar por escrito, en lengua anglosajona. Justo. Justo José de Urquiza. En Rosario yo vivía sobre esa calle. Justo. Como cuando pagás con el monto exacto en el quiosco.

Un paquete de veinte cigarrillos Melbourne. Costo: 1.200 pesos. Dinero entregado: 1.500 pesos. Vuelto: 300 pesos. Hasta luego.
Camino el par de cuadras que separan al quiosco de mi casa. Hace frío. Prendo un cigarrillo, después de guardar en el bolsillo los papelitos producidos al abrir el paquete. En realidad voy y vengo con el cuidado del medio ambiente: en mi casa reciclo la basura, pero las colillas las sigo tirando en la calle, en la cuneta, para que al menos se las lleve el barrendero.

Un kilo de bananas, uno de mandarinas y dos tomates. Costo: 3.500 pesos. Dinero entregado: 4.000 pesos. Vuelto: 500 pesos. Hasta luego.
Los tomates en la heladera, abajo, y la fruta en la canasta de mimbre, junto a los cereales. Las bananas están maduras, prefiero tener que sacarles alguna parte en mal estado a que estén verdes, duras y desabridas. Las mandarinas le gustaban a mi abuelo David, y a mí me gustan sin semillas, son fáciles de consumir.

Medio kilo de pan. Costo: 900 pesos. Dinero entregado: 1.000 pesos. Vuelto: 100 pesos. Hasta luego.
Pan y circo. Donde hay hambre no hay pan duro. Pan con pan, comida de tontos. No solo de pan vive el hombre. El pan es un pilar ancestral de nuestra alimentación y quizá por eso aparece en varios refranes. A mí me gusta mojarlo en crema de leche en la merienda; o usarlo como base de sándwiches en el mediodía. Prefiero la miga antes que la corteza. La miga blanca que es como un algodón comestible.

Yerba y galletitas surtidas. Costo: 3.100 pesos. Dinero entregado: 4.000 pesos. Vuelto: 900 pesos. Hasta luego.
- Hola hermoso, ¿cómo andás tanto tiempo? -pronuncian mis labios.
- Hola, bien … ¿Trajiste galletitas?
- Sí, surtidas de chocolate. Preparo el mate …
Saco el mate y la yerba del bolso matero, que es un regalo de un familiar. Mientras vuelco yerba en el mate Fernando me acaricia el pelo y me guiña un ojo, y puedo decir que su ternura es algo de lo mejor que me pasó en estos tiempos. Estamos sobre el pasto en la plaza López, en una ubicación donde tímidos rayos de sol nos brindan su tibieza. Ahora saco el termo con agua caliente y antes de colocar la bombilla en el mate echo un poco de agua sobre la yerba.
- ¿Seguís tomando amargo, no? -le pregunto mientras estiro el brazo y le paso el mate.
- Así es … Hmm, está rico …
- Te extrañé -le confieso.
- Yo también, pero ya sabés cómo son las cosas. Ahora estamos acá, aprovechemos.
Y vino el beso. Sus labios cálidos, su barba, su masculinidad. La comunidad entre dos hombres, reinando, marcando un hito en la cotidianidad. Estoy seguro de pocas cosas, pero tengo la certeza de que esto es amor.

Tres preservativos. Costo: 5.000 pesos. Cambio justo. Adiós.

El hogar es la diferencia

Relato - Por Marcelo Milman Pilnick

Estoy en el aeropuerto de Fisherton, haciendo la cola en la aerolínea. Viajo al exterior, y es la primera vez que lo hago. En verdad nunca salí de Rosario, pero ahora gané un concurso organizado por la Municipalidad, la provincia y Nación, en conjunto, y el premio consiste en ir dos semanas a unas islas paradisíacas en el Pacífico, en Oceanía. Entrego el pasaporte y el empleado lo agarra con amabilidad y una amplia sonrisa; en realidad todos en el aeropuerto son amables. Ya estoy en el avión, en primera. En el despegue siento la inercia que me empuja contra el respaldar y luego de un rato me duermo. Tengo un sueño extraño: un marqués con una máscara veneciana y una remera que dice “El hogar es la diferencia” me da la bienvenida a su país. Me despierto con el aterrizaje, dormí todo el vuelo. Ahora a bajar que empieza el disfrute.
Atravieso la manga, agarro mi equipaje y bajo las escaleras del aeropuerto, cuando veo un hombre que tiene un cartel con mi nombre, y ¡tiene una máscara veneciana!, como en mi sueño. Esta coincidencia me inquieta un poco. En un claro español me dice que me va a llevar a mi hotel. En el trayecto hablamos sobre el clima, que está espléndido, y cuando bajo me desea que tenga las vacaciones de mi vida.
En la vereda pasa un niño en bicicleta, lo veo fugazmente, pero reconozco un parecido a mí cuando era chico. Qué casualidad. Entro al hotel y voy a la recepción. El hombre que atiende tiene mi estatura, pelo castaño como yo y ¡mis rasgos! Bienvenido, me dice, lo estábamos esperando. Me doy vuelta y veo al botones, que también es igual a mí. Creo que me voy a desmayar, pero no. Camino unos pasos y voy al comedor, donde hay varias personas, hombres y mujeres, todos iguales a mí. Empiezo a llorar, pero en mi llanto no hay tristeza, solo incapacidad de comprender.
Señor, me dice el conserje, es comprensible su estado de shock, pero trate de tranquilizarse. Usted es el “Modelo”, y ahora que lo sabe, el mundo entero es suyo.

Presentación: libro La cala negra de la familia

Feria Internacional del Libro de Rosario

Una tarde feliz de verano de 2023 yo navegaba el instagram de des/nudo Editorial en mi laptop, cuando se me ocurrió ver los mensajes directos. Allí pude ver un mensaje que descansaba en el buzón hace casi un año.
"Hola, soy Sebastián Muzzio, poeta y jardinero de la ciudad de Rosario", comenzaba a decir él.
"Te pido disculpas por la demora, pero esta red social recién me muestra tu mensaje", le terminé de responder yo. Llamado a Zuckerberg.
Después de un ida y vuelta de likes pasamos a whatsapp y, con el tiempo, lo invité a participar en desnudoeditorial.com.ar, donde fue publicado el posteo "Lírica y naturaleza, colores en la ramada", que consta de cuatro poemas, cada uno con su respectiva imagen, todas aportadas por él. En esas fotos se pueden ver flores en primer plano, el río en una tarde de verano y a Sebastián mismo apoyado sobre un árbol caído.
Luego vino la edición en digital de "La cala negra de la familia", en ePub y PDF; y un tiempo después el libro en soporte papel (que se puede adquirir esta noche). Hasta ese momento no nos conocíamos personalmente.
Nos encontramos a mediados de agosto de este 2024 en Sambayón, un bar que queda cerca de casa, por Pellegrini. Esa tarde yo falté a la Facultad porque estaba medio engripado y él venía en bicicleta de su residencia en la casa Vanzo-Wernicke. Todo venía bien hasta que apareció el vendedor de repasadores. Sebastián se quedó mirándolo como si lo conociera de otra vida y terminó comprándole uno, a buen precio. Pero mientras esto pasaba a mí me decía comprá, comprá, a ver tenémelos mientras los ordeno, y me tosía cerca de la cara. Fue re violento. Era el segundo vendedor ambulante del encuentro, y hubo tres en total. La mano viene difícil ... 

Soneto: desde la Edad Media hasta Aretino

Grabado N° 3

Por Marcelo Milman Pilnick

De origen en la escuela siciliana de la Italia de la Edad Media, el soneto aparece por primera vez en el año 1220 con la autoría de Giacomo da Lentini, y luego pasa a la Italia continental, donde cuenta con exponentes que pertenecen al movimiento Dolce Stil Novo. En el siglo XIV podemos mencionar la obra La vita nuova, de Dante Alighieri, donde expresa su amor a Beatrice, y el Cancionero, de Francesco Petrarca, obra que se divide en los sonetos de amor a su amada Laura y los sonetos políticos.

Petrarca derramó su influencia por todo el continente europeo, y unx de lxs poetas que re-cogieron el guante fue Pietro Aretino (1492 – 1556). 

Aretino trabajaba para Papas y emperadores y conoció el exilio, pero en 1525 escribe en Italia Los sonetos lujuriosos, 16 sonetos que se pueden categorizar como pornográficos, uno por cada uno de los 16 grabados I Modi, de Marcantonio Raimondi. 

Los sonetos, al igual que los de Petrarca, son de versos endecasílabos, y hacia el final de cada composición aparecen los tres versos del estrambote. Podemos decir que los protagonistas de estos son el acto sexual y la genitalidad, y vale mencionar que por ello el datario apostólico de la época mandó a la cárcel al ilustrador, siendo Aretino quien lo defiende para que recupere su libertad.

Poema N° 3, Sonetos Lujuriosos:

«TU POLLA es lo que quiero, no un tesoro:
ella es quien me puede hacer feliz,
es polla digna de una emperatriz,
gema que vale más que un pozo de oro.

¡Ay, polla mía, ayúdame, que muero,
y mete más calor en la matriz!:
al final polla mínima no vale
si en coño quiere mantener decoro».

«Señora mía, dices la verdad,
que si mínima polla folla coño,
merece lavativa de agua fría:

quien poco tiene, céntrese en el culo;
pero quien, como yo, la tiene fiera,
dedíquese a los coños sin reposo».

«Los coños siempre estamos deseando
tener dentro la polla y, si es posible,
a la vez por delante y por detrás».


- Sonetos lujuriosos, de Pietro Aretino. Madrid: Reino de Cordelia, 2021. Traducción: Luis Alberto de Cuenca y Prado, 2021 y Adrián J. Sáez, 2021.

- Créditos imagen: By Sailko - File:Pietro_aretino_e_anonimo_xilografo_veneziano,_sonetti_sopra_il_xvi_modi,_post_1537-1550_ca._(coll._priv.)_03.jpg, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=129459791 

Prosa de madrugada III

Por Chelo Mil

Crudo y cruel es el invierno, que a cada paso derrama una certeza: un pedazo de hielo antropomorfo que refracta la luz del sol.

Pero si vamos a hablar de certezas hablemos del diario, del periódico, del segundero de la historia, poblado de anécdotas de ayer que sería mejor olvidar y, que al mojarlo, su tinta se diluye en un gris informe sobre el frágil papel prensa.

También, mi barba tiene canas y éstas son la certeza del paso del tiempo. No hay dudas, la noche eterna debe ser dormida, como dijo Petronio.

Prosa de madrugada II

Por Chelo Mil

El sol indignado escucha mi lamento, lo de siempre: la soledad, la ausencia de amor y el exceso de pantallas. 

Yo igual le digo que sigue siendo mi buena estrella, el destino de mis suspiros, los del futuro. Porque habrá suspiros, me lo dijo hace un tiempo una galletita de la suerte en el barrio chino, es una promesa.

Suspiros, gemidos y jazmines, escribí en mi primer libro, aquel de adolescencia, los bravos soldados, que batallan, que destierran, que matan la muerte.

Menuda fórmula …