El paraíso de los cazadores

Relato - Por Marcelo Milman

Estoy en la barbería, de los dos peluqueros me atiende el robusto. Con sus manos toca mi pelo y con sus ojos negros me mira, o mejor dicho a mi reflejo a través del espejo. Mi reflejo muestra a un hombre cansado, al que las noches de incertidumbre lo vienen matando, de a poco quitándole el alma. Pero sigo vivo, y lo voy a demostrar, voy a recuperar mi humanidad, nuestra humanidad.
El peluquero ahora agarra la navaja, y con movimientos ascendentes comienza a afeitarme. Huelo la sangre sobre el filo y veo su sonrisa, pero no voy a dejar que me mate. Agarro el spray para pelo y se lo rocío en los ojos, negros y desiertos como la noche de la ciudad. Hijo de puta, me dice, mientras se lleva las manos a la cara. Es hora de correr, pero no va a ser fácil: el otro peluquero se desnuda y me dice vos de acá no salís. La chica que él estaba atendiendo ya está filmando todo con su celular y le dice matalo, matalo. Me desnudo yo también, porque mi piel tiene el poder de todos mis amantes y ahora lo necesito. Se acerca con la navaja, yo junto pelo del piso y se lo tiro a la cara, y le echo spray, de nuevo, en los ojos, pero es inútil, sigue avanzando. Entonces entra un cliente. Por favor ayudame, me quieren matar. Disculpá, pero tengo turno ahora en unos minutos y estoy apurado, así que terminen con esta mierda, sea lo que sea. Se sienta en el sillón y cruza los brazos. El peluquero comienza a vestirse, yo salgo disparado hacia la vereda.

Tomando un café se me ocurren ideas, está bueno. Pero en un momento me doy cuenta de que en una mesa cercana está el hombre que me violó, hace un tiempo. ¿Es la hora de la venganza?
Me levanto con la taza de café con leche en una mano. Me acerco por atrás, la moza me mira. Giro la muñeca y lo baño en marrón indeleble. Puto de mierda, vas a morir. No te tengo miedo, de alguna manera ya me mataste, y no podés hacerlo dos veces. Se acerca, furioso. Me agarra del cuello y aprieta. Todos gritan. Mientras respiro lo poco que puedo cierro los ojos y veo flashes de mi vida: ese cumpleaños de la infancia, con amigues y mascotas en el patio de casa; mi primer contacto sexual con otro hombre, de quien nunca supe su nombre; mi primer gran amor, fallido por la interferencia de una madre homofóbica; el viaje a dedo a Misiones al comienzo del milenio. Entre muchas otras cosas.
No puedo respirar, me va a matar dos veces. Con la poca fuerza que tengo le manoseo el bulto. Se le para, de a poco pero cada vez más. Puto de mierda, me re calentás... no puedo matarte. Si me das tu teléfono te suelto. Dale, dale. Me suelta, respiro aliviado, me siento y me largo a llorar. Lo seduje para no morir.

Muestra: Pichincha prostibularia

Crónica - Por Marcelo Milman

Pichincha: Historias de la prostitución en Rosario, 1914 - 1932.

Iba a ir a un taller de canto en el CEC, pero se me hizo tarde y me acobardé. Como ya estaba afeitado y bien vestido (sin el jogging que uso en casa los fines de semana) me fijé en la agenda cultural qué había para hacer. Esta muestra del Museo de la Ciudad me pareció interesante.

Tomé el 110 en la esquina de casa. Todo bien hasta que, por 27 de Febrero, el colectivo frena de golpe. La inercia nos lleva a todos para adelante. Después dos flacos en la vereda tiran un botellazo a una de las ventanillas. Confusión, pero el colectivero los elude y sigue unas cuadras, frena y pregunta si todos estamos bien. Está hecha una locura la ciudad, dice alguien en los últimos asientos. Me bajo en Oroño, camino unos metros y llego al museo. Hay gente en los bancos de madera de la entrada, charlando, tomando sol o leyendo.

Entro y me recibe una chica que me explica que hay cuatro salas que constituyen la muestra: en la que estamos, que es chica, donde hay arte plástico de la época y textos sobre las paredes; una que expone fotos tomadas en casas de tolerancia por un joven Antonio Berni, quien después se convertiría en el reconocido pintor; y otras dos, donde hay proyecciones en blanco y negro, mapas del barrio, vestimenta y objetos como las "latas" o las tarjetas con fotos de mujeres que venían en los paquetes de cigarrillos.

Lejos del recuerdo del placer sexual y su topografía, en el patio un grupo de hombres y mujeres bailaban danzas folclóricas, revoleando los pañuelos y todo.

"El burdel y el manicomio serán esos lugares de tolerancia: la prostituta, el cliente y el rufián, el psiquiatra y su histérica -esos 'otros victorianos', diría Stephen Marcus- parecen haber hecho pasar subreptíciamente el placer que no se menciona al orden de las cosas que se contabilizan; las palabras y los gestos, autorizados entonces en sordina, se intercambian a precio fuerte. Únicamente allí el sexo salvaje tendría derecho a formas de lo real, pero fuertemente insularizadas, y a tipos de discursos clandestinos, circunscritos, cifrados. En todos los demás lugares el puritanismo moderno habría impuesto su triple decreto de prohibición, inexistencia y mutismo", Michael Foucault, Historia de la sexualidad 1. 

Mil novecientos noventa y ocho

Por Marcelo Milman

1997

- Por favor, si el año que viene voy a estudiar Teatro, ¿Para qué me puede servir esto? -le pedía al profesor. Me había sacado un cinco (se aprobaba con seis) en la última materia de la secundaria, del Politécnico. Era algo sobre carga y descarga de cereales en el puerto, tolvas, cintas transportadoras y cosas por el estilo.

1998

Ya tenía 18 y después de un intento fallido de ingresar al Conservatorio en Buenos Aires, estudiaba Actuación en la Escuela Nacional de Teatro y Títeres, ubicada en peatonal Córdoba y calle Mitre, en Rosario.
Fue un año excepcional: en las materias prácticas pude descubrir el propio cuerpo como instrumento, aprender a confiar en el otro, también que tocarse no tiene nada de malo y, en Música, ver y llorar con Amada inmortal (1994), la película que narra la vida de Beethoven, sobre todo en la escena cuando él corre y corre escapando de su padre; luego, en las materias teóricas, leer sobre dinámica grupal de la mano de los textos de Pichón Riviere, y por otro lado, clásicos griegos como La Odisea, de Homero. En paralelo y por mi cuenta, recuerdo mi abordaje al Manifiesto Surrealista, que era el texto introductorio al Pez soluble (1924), de André Breton.

Pero lo más intenso que viví en la carrera de Teatro fueron las relaciones, amistades y amores. Me enamoré por primera vez, de un compañero que se llamaba igual que yo y, que como Beethoven, también escapaba de su padre; y conocí grandes compañeros o amigos, como Héctor, Martín, Nadia o Evelina.

2022

Me despierto temprano, me hago unos mates, prendo la tele y me tiro en el sillón a navegar por las redes en el celular. Veo que tengo un mensaje en Instagram: es Evelina que me manda tres fotos. En una de ellas estábamos metidos en la fuente de la plaza López, con Anabel, cagándonos de risa, enfrente de donde Evelina vivía en ese momento y a una cuadra de donde yo vivo hoy. Éramos jóvenes y yo estaba bien bronceado, y con ropa blanca. Y esa noche fui feliz.

Presentación: libro Cuadernos de Poesía

Facultad de Humanidades y Artes

En 1999 estuve en esta misma aula, cursando el primer año de la Licenciatura en Historia, que después dejé, para hacer un largo viaje a Misiones, en el año 2000. Era el ultimo año del siglo XX y, por ejemplo, todavía se podía fumar aquí adentro, aunque ya algunos se quejaban.
Tengo varios recuerdos de esa época: el compañero buena onda con el que estudiábamos juntos, el parcial que aprobé, donde me marcaron que los paises distintos a la Argentina no eran el "resto" del mundo; mi idea de hacer un trabajo práctico para Problemática Psicológica hablando de Freud y Dalí, y el chiste homofóbico que escuché a unos compañeros en el pasillo, entre clase y clase.
Hoy, en el 2022, ya comenzamos la tercera década del siglo XXI y muchas cosas cambiaron. Ya no se puede fumar en lugares cerrados (por suerte), todos vimos un programa de TV de viajes llamado "Resto del Mundo" y, la homofobia, sobre todo después del Matrimonio Igualitario, está mal vista (también por suerte, o mejor dicho por lucha).
Pero quizás el cambio mas relevante del que yo puedo hablar hoy, en la presentación de este libro, es uno propio, mío. En esa época yo ya escribía, es más, tenía el manuscrito de un libro de poesía llamado Cada rincón desnudo; pero, dudaba del valor de lo que escribía. Hoy, en mis cuarentas, confío en que mi poesía, mi literatura, y particularmente este libro, Cuadernos de Poesía, habla de mí, de lo que soy, con mis idas y vueltas, y altibajos. Y eso es distintivo, y tiene valor.

Cuadernos de Poesía

Título: Cuadernos de Poesía
Autor: Marcelo Milman Pilnick
Género: Poesía
Soporte:  papel, digital (ePUB, PDF)
Año: 2022

Descarga no disponible, solicitar por e-mail.

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Descripción: Poemas que fueron surgiendo a partir del año 2016, y que fueron plasmados de manera tradicional, analógica, con una birome sobre los renglones de distintos cuadernos. Una especie de diario, íntimo y lírico, heterogéneo en lo que a temas y estilos se refiere.

Fragmentos:

Primer cuaderno (2016)

Tapa dura como algunos recuerdos
con tonos de marrón y naranja
que remite al sepia de esas fotos con aroma a pasado
Muestra un biciclo y una bicicleta
delante de la silueta de una ciudad
antigua y moderna al mismo tiempo
Cómo te extraño siglo diecinueve

- - -

la radio se escucha en la televisión
la televisión muestra los diarios
las redes abordan los medios con ironía

mientras tanto

yo estoy en una isla desierta
y pienso en tus labios

Calesita

Por Marcelo Milman

Hoy fue feriado por el censo, así que estaba casi todo cerrado. A la mañana me desperté, desayuné y salí corriendo a comprar cigarrillos a la estación de servicio a tres cuadras. Volví un ratito antes de que la censista me toque el portero. Le mostré el código del trámite digital, le respondí que no vivían mujeres en el departamento, y listo. Luego almorcé, y a la tarde salí a caminar, a dar un par de vueltas a la plaza. La zona de juegos estaba llena de niñes y padres, y la calesita girando y girando. Me detuve un momento a observarlos: un padre acompañando a su hija en la bicicleta, no sé si tenía rueditas o no; y una madre amacando con fuerza a su hija, que ya parecía volar; entre otres.
Tengo más de cuarenta años y no tengo hijos, y pocas veces reflexioné sobre esa posibilidad. Soy un varón cis homosexual, ponele, pero que con mi pareja (si la tuviera) no podamos gestar, hoy en día no significa mucho, hay otras formas y métodos de tener hijos. O quizá podría estar con un varón trans… Supongo que lo importante es el deseo: ¿quiero paternar?, ¿quiero tener hijos? Lo primero que pienso es que la responsabilidad que conlleva me parece abrumadora. Al mismo tiempo sé que habría en esa relación filial muchos momentos de felicidad y amor. No sé, en mí esta cuestión está como suspendida, eludida, y mientras transcurre la vida.

Promesa

Por Marcelo Milman.

Leo fragmentos, mi cabeza ingiere textos cortos de distintos autores, en el celular. Hay algo en la multitud que me atrae, que me comprende, lejos de las sábanas, pero cerca. Ayer estaba viendo tuiter y apareció un videíto porno, un oso pajeándose, y me encantó. Mi deseo sigue estando ahí. La internación no pudo sacármelo o, quizá, me lo devolvió.
La internación: golpean la puerta en lo de mi vieja, es la ambulancia y la policía; me vienen a evaluar, dicen. Dos semanas adentro, con compañeros de todo tipo (adictos, esquizofrénicos, suicidas, religiosos). En la imagen aparecen dos, Elías, quinta generación de anarquistas, y Lidia, una especie de matriarca dentro del lugar. Pero yo ya salí. Y ahora hago las compras, camino por la vereda y veo mi reflejo en algunas puertas vidriadas o en las ventanillas de los autos, y no me gusta. Pero bueno, hay que tratar de arreglarse y seguir, siempre seguir. Hoy me compré un café con leche, para llevar, y una media luna rellena con chocolate, en el bar de acá cerca donde trabajan bien. Volví a casa y desayuné, mirando tele. Estuvo bien, tengo pequeños oasis de disfrute. Después vino el gasista para arreglar la estufa y me interrumpió la escritura, por unas horas.
Pero volvamos a los fragmentos, hace un rato, también en tuiter, leí un hilo sobre 2020 y la cuarentena en Argentina. Que mal la pasé, sobreviví, como pude, pero el encierro deja marcas. Hoy tengo cuatro vacunas y la cosa está más tranquila, por suerte. Siguiendo con los fragmentos, antes de la internación también los leía, pero en libros, tenía al lado de la cama un diario (el de Ana Frank), uno de textos cortos de Benedetti, y una compilación de poesía contemporánea. Entonces, leía una o dos páginas y dejaba. Ahora quiero conseguir Teoría de la novela, de Lukacs; quiero tener una base antes de deslizarme en el camino de la narrativa larga, extensa.
Bueno, esta vuelta a la escritura tiene mucho de promesa, ojalá pueda seguir transitándola.