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Uno por cada género: crónica, ensayo, narrativa y poesía.

Chile Centro (crónica, 2019), de Marcelo Milman Pilnick
Una crónica al detalle de un viaje a la región centro de Chile.

Lo personal es entretenimiento (ensayo, 2017), de Chelo Mil
Análisis de una emisión de 2014 de ShowMatch.

La desnudez de los perros (narrativa, 2016), de Chelo Mil
Tres relatos que transcurren en tres bares de la ciudad de Rosario.

Un pequeño aporte a tu biblioteca digital (poesía, 2020), de Marcelo Milman Pilnick
Poesía bilingüe, español - inglés.

Proletariado libre

Relato - Por Chelo Mil

 Me tomé el 110 en Avellaneda y Juan José Paso, estaba volviendo de la dentista. Saludé al chofer pero no hubo respuesta, él estaba como enojado con la mirada clavada hacia adelante, a través del parabrisas algo sucio.
 Me senté a la mitad del colectivo. No había aire acondicionado y a pesar de que ya había atardecido se sentía el calor del verano.
 El tráfico estaba trabado y en un momento, después de esquivar con cuidado a una ciclista, el chofer tuvo que frenar de golpe antes de girar a la izquierda, porque un auto rojo decidió no avanzar cuando le correspondía. Levantó los brazos en un gesto creo que de hastío y en claro castellano, acentuando cada sílaba, gritó: “No – pue - do – más”.
 Acto seguido se bajó del colectivo y empezó a trotar, un tramo por el medio de la avenida y después por la vereda, hasta desaparecer.
 Los pasajeros empezamos a mirarnos, ahora no había conductor y estábamos varados en el medio del tráfico, era una situación anómala.
 Pasados unos minutos me bajé y empecé a caminar hacia la próxima parada, para esperar al bus siguiente. En el camino entré a un quiosco, me había quedado sin cigarrillos. Dicho sea de paso, la dentista me pidió que fume menos y me develó que los fumadores no pueden ponerse implantes, porque el cuerpo, o más específicamente la boca, los rechaza.

 El quiosco era en espacio alargado, lleno de heladeras y pequeñas góndolas en sentido transversal, iluminado con un blanco extenuante. La chica que atendía estaba detrás de un vidrio y tenía un gesto adusto. El local estaba repleto de gente.
 - No tengo cambio, ¿te puedo dar caramelos por los dos pesos?
 - Si ya sé que no sos un quiosco, que el quiosco soy yo, pero igual no tengo cambio…
 - ¿Que el billete está roto? ¿Que te lo cambie?
 - No, hasta mañana no hay crédito para la tarjeta de colectivo.
 Cada frase que decía la chica era como si se le escapara el alma por la boca, hasta quedarse vacía y rodeada de golosinas.
 En un momento empezó a llorar, fuerte, con mucho ruido y espasmos en el cuerpo. Pocas veces vi a alguien tan angustiada. Una señora le dijo que se siente, y lo hizo. Pero parecía no calmarse.

 Cuando vendemos nuestra fuerza de trabajo porque no tenemos nada más que vender, cuando nos explotan, a veces el cuerpo y la cabeza dicen “Basta”. En ese momento es importante huir y hacer algo divertido, a pesar de que perdamos nuestro salario.