10 años no es nada

Nuestro primer logo.
Este año des/nudo Editorial cumplió 10 años, número redondo. Tuvimos idas y vueltas, empezamos como un blog y cuando pudimos contratamos para el sitio web alojamiento y dominio. Hubo tiempos donde el proyecto fue abandonado, y hoy, al retomar el trabajo, queda mucho por hacer, sobre todo abrir la editorial, compartir el espacio.

En este tiempo el sitio web de la editorial recibió muchas visitas de Argentina, pero también del exterior, gracias al carácter global de internet: Estados Unidos, Alemania, Rusia, Indonesia, Francia, España, México e Israel son las principales ubicaciones desde donde los navegantes llegan a des/nudo. También, recibimos tres manuscritos de distintos autores, que no llegaron a ser publicados: un ensayo extenso y crítico con las redes sociales, desde México; y un libro de poesía y una nouvelle de dos autores de Argentina.

Desde donde nos visitan.
Pero queremos recibir más manuscritos, tener un catálogo más rico y plural, así que si sos autor y buscás publicar por favor ponete en contacto.
Este año, además, como una inconsciente parte de la celebración, trascendimos el soporte digital y editamos por primera vez en papel, y planeamos seguir haciéndolo con los futuros títulos. Es un mundo nuevo, pero que permite que nuestros libros recorran un circuito más local y tradicional.

Les dejamos nuestro primer posteo, allá por 2012.

¡ Salud, y buena lectura !

Muestra: Pichincha prostibularia

Crónica - Por Marcelo Milman

Pichincha: Historias de la prostitución en Rosario, 1914 - 1932.

Iba a ir a un taller de canto en el CEC, pero se me hizo tarde y me acobardé. Como ya estaba afeitado y bien vestido (sin el jogging que uso en casa los fines de semana) me fijé en la agenda cultural qué había para hacer. Esta muestra del Museo de la Ciudad me pareció interesante.

Tomé el 110 en la esquina de casa. Todo bien hasta que, por 27 de Febrero, el colectivo frena de golpe. La inercia nos lleva a todos para adelante. Después dos flacos en la vereda tiran un botellazo a una de las ventanillas. Confusión, pero el colectivero los elude y sigue unas cuadras, frena y pregunta si todos estamos bien. Está hecha una locura la ciudad, dice alguien en los últimos asientos. Me bajo en Oroño, camino unos metros y llego al museo. Hay gente en los bancos de madera de la entrada, charlando, tomando sol o leyendo.

Entro y me recibe una chica que me explica que hay cuatro salas que constituyen la muestra: en la que estamos, que es chica, donde hay arte plástico de la época y textos sobre las paredes; una que expone fotos tomadas en casas de tolerancia por un joven Antonio Berni, quien después se convertiría en el reconocido pintor; y otras dos, donde hay proyecciones en blanco y negro, mapas del barrio, vestimenta y objetos como las "latas" o las tarjetas con fotos de mujeres que venían en los paquetes de cigarrillos.

Lejos del recuerdo del placer sexual y su topografía, en el patio un grupo de hombres y mujeres bailaban danzas folclóricas, revoleando los pañuelos y todo.

"El burdel y el manicomio serán esos lugares de tolerancia: la prostituta, el cliente y el rufián, el psiquiatra y su histérica -esos 'otros victorianos', diría Stephen Marcus- parecen haber hecho pasar subreptíciamente el placer que no se menciona al orden de las cosas que se contabilizan; las palabras y los gestos, autorizados entonces en sordina, se intercambian al precio fuerte. Únicamente allí el sexo salvaje tendría derecho a formas de lo real, pero fuertemente insularizadas, y a tipos de discursos clandestinos, circunscritos, cifrados. En todos los demás lugares el puritanismo moderno habría impuesto su triple decreto de prohibición, inexistencia y mutismo", Michael Foucault, Historia de la sexualidad 1.