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El hogar es la diferencia

Relato - Por Marcelo Milman Pilnick

Estoy en el aeropuerto de Fisherton, haciendo la cola en la aerolínea. Viajo al exterior, y es la primera vez que lo hago. En verdad nunca salí de Rosario, pero ahora gané un concurso organizado por la Municipalidad, la provincia y Nación, en conjunto, y el premio consiste en ir dos semanas a unas islas paradisíacas en el Pacífico, en Oceanía. Entrego el pasaporte y el empleado lo agarra con amabilidad y una amplia sonrisa; en realidad todos en el aeropuerto son amables. Ya estoy en el avión, en primera. En el despegue siento la inercia que me empuja contra el respaldar y luego de un rato me duermo. Tengo un sueño extraño: un marqués con una máscara veneciana y una remera que dice “El hogar es la diferencia” me da la bienvenida a su país. Me despierto con el aterrizaje, dormí todo el vuelo. Ahora a bajar que empieza el disfrute.
Atravieso la manga, agarro mi equipaje y bajo las escaleras del aeropuerto, cuando veo un hombre que tiene un cartel con mi nombre, y ¡tiene una máscara veneciana!, como en mi sueño. Esta coincidencia me inquieta un poco. En un claro español me dice que me va a llevar a mi hotel. En el trayecto hablamos sobre el clima, que está espléndido, y cuando bajo me desea que tenga las vacaciones de mi vida.
En la vereda pasa un niño en bicicleta, lo veo fugazmente, pero reconozco un parecido a mí cuando era chico. Qué casualidad. Entro al hotel y voy a la recepción. El hombre que atiende tiene mi estatura, pelo castaño como yo y ¡mis rasgos! Bienvenido, me dice, lo estábamos esperando. Me doy vuelta y veo al botones, que también es igual a mí. Creo que me voy a desmayar, pero no. Camino unos pasos y voy al comedor, donde hay varias personas, hombres y mujeres, todos iguales a mí. Empiezo a llorar, pero en mi llanto no hay tristeza, solo incapacidad de comprender.
Señor, me dice el conserje, es comprensible su estado de shock, pero trate de tranquilizarse. Usted es el “Modelo”, y ahora que lo sabe, el mundo entero es suyo.

Soneto: desde la Edad Media hasta Aretino

Grabado N° 3

Por Marcelo Milman Pilnick

De origen en la escuela siciliana de la Italia de la Edad Media, el soneto aparece por primera vez en el año 1220 con la autoría de Giacomo da Lentini, y luego pasa a la Italia continental, donde cuenta con exponentes que pertenecen al movimiento Dolce Stil Novo. En el siglo XIV podemos mencionar la obra La vita nuova, de Dante Alighieri, donde expresa su amor a Beatrice, y el Cancionero, de Francesco Petrarca, obra que se divide en los sonetos de amor a su amada Laura y los sonetos políticos.

Petrarca derramó su influencia por todo el continente europeo, y unx de lxs poetas que re-cogieron el guante fue Pietro Aretino (1492 – 1556). 

Aretino trabajaba para Papas y emperadores y conoció el exilio, pero en 1525 escribe en Italia Los sonetos lujuriosos, 16 sonetos que se pueden categorizar como pornográficos, uno por cada uno de los 16 grabados I Modi, de Marcantonio Raimondi. 

Los sonetos, al igual que los de Petrarca, son de versos endecasílabos, y hacia el final de cada composición aparecen los tres versos del estrambote. Podemos decir que los protagonistas de estos son el acto sexual y la genitalidad, y vale mencionar que por ello el datario apostólico de la época mandó a la cárcel al ilustrador, siendo Aretino quien lo defiende para que recupere su libertad.

Poema N° 3, Sonetos Lujuriosos:

«TU POLLA es lo que quiero, no un tesoro:
ella es quien me puede hacer feliz,
es polla digna de una emperatriz,
gema que vale más que un pozo de oro.

¡Ay, polla mía, ayúdame, que muero,
y mete más calor en la matriz!:
al final polla mínima no vale
si en coño quiere mantener decoro».

«Señora mía, dices la verdad,
que si mínima polla folla coño,
merece lavativa de agua fría:

quien poco tiene, céntrese en el culo;
pero quien, como yo, la tiene fiera,
dedíquese a los coños sin reposo».

«Los coños siempre estamos deseando
tener dentro la polla y, si es posible,
a la vez por delante y por detrás».


- Sonetos lujuriosos, de Pietro Aretino. Madrid: Reino de Cordelia, 2021. Traducción: Luis Alberto de Cuenca y Prado, 2021 y Adrián J. Sáez, 2021.

- Créditos imagen: By Sailko - File:Pietro_aretino_e_anonimo_xilografo_veneziano,_sonetti_sopra_il_xvi_modi,_post_1537-1550_ca._(coll._priv.)_03.jpg, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=129459791 

Carnaval Rosario: una cita con la libertad

Crónica - Por Marcelo Milman Pilnick

"Durante el carnaval, todas las jerarquías sociales son invertidas, los superiores se convierten en inferiores y los inferiores se convierten en superiores. Durante el carnaval, las diferencias sociales y las diferencias entre las personas se suspenden temporalmente. Es un tiempo de igualdad, donde todos participan en una fiesta común, donde todos pueden ser quienes quieran ser, sin importar su estatus social o su posición en la sociedad", Mijaíl Bajtin, en "La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: El contexto de François Rabelais".

Cuerpos exhuberantes vistos desde lejos, desde las gradas. Hay una sospecha de sensualidad en el brillo de la piel, en el color de los atuendos, en los tatuajes. Cerca, el niño baja los escalones y amenaza con la espuma, a mis lentes. Todavía es de día y los gabinetes de maquillaje están a full de niñes que quieren estar a tono, mientras la gastronomía espera una afluencia mayor de gente.

Los tambores de la murga apelan con su ritmo a lo ancestral, hay algo que es esencia y que empuja a mi cuerpo a moverse, de una forma nueva, que no se sabía posibilidad.

Ya a la vuelta, yendo a tomar el colectivo, me di cuenta de que mi pañuelo de la diversidad sexual ya no estaba en mi pantalón, se había caído, lo afanaron, no sé, pero tengo la certeza de que estuvo bueno llevarlo, los colores del arco iris cayeron en un espacio de libertad ...

Faro: del festival de verano

Lámina LGBT
Por Marcelo Milman Pilnick

Listo. Ya está el almuerzo y ya está la transferencia. Dos huevos revueltos con restos de cebolla y morrón, con condimento para guisos (no hay correspondencia, no es un guiso, pero el sobre aporta un sabor distintivo). Cinco mil pesos, que en los tiempos que corren se van rápido, pero permiten, quizá, llegar al día de cobro.

Sucede que el trabajo de vendedor ambulante tiene sus vaivenes. Libros y láminas. Tres ejemplares de Cerrar los ojos y otros relatos, de mi autoría; y varios tipos de láminas, algunas hechas con lo digital, y otras más artesanales, con motivos abstractos en lápiz sobre un papel de buen gramaje, con una capa de celofán que aporta un color entre amarillo y naranja.

Anoche, en las afueras del festival Faro, en el parque Urquiza, desplegué la manta un rato.

Highlights, o "lo destacado": el chico en bici al que el de Control Urbano le prohibió vender cerveza fría: "Hay que agarrar un fierro y salir a robar, no dejan trabajar", dijo; también la cantidad de asistentes despojándose de las botellas de vidrio, que no estaban permitidas; y la mujer que me dijo que "tengo arte".

Mina Clavero

Crónica (surrealista) - Por Marcelo Milman

Lastre y herrumbre, cosas que pasan al soldado más noble.

Solo dejame transitar, desandar el camino de unas vacaciones tardías, pero felices. El río, las piletas, no son más que opciones para sumergirse. Amniótico y maternal por demás. El centro, el helado, el puente colgante, que junto a la ruta aportaron el miedo que supimos sortear.

El discurso del rey cayó, solo quedamos los empleados.

La obra de teatro la primera noche, a la gorra en la sala justo enfrente del hotel.

El desayuno seco, mate y bizcochitos con manteca, para que después nos quedemos con los saquitos y la mermelada. De durazno, siempre de furtivo durazno.

El casino donde perdí diez pesos e intuí ese ambiente crepuscular, oscuro; esa tensión que florece donde y cuando pueden aparecer grandes sumas de dinero.

La lluvia, poderosa primero y sutil después, me encontró haciendo una rutina de elongación descalzo, sobre el pasto húmedo.

La misa en la iglesia del Cura Brochero, por un ratito, para después tomar algo por la plaza y emprender el regreso.

Y el cielo. Descubrí el cielo, con sus nubes de blanco radiante.

Y un colibrí.

Poemas en Agenda II

Poemas - Por Marcelo Milman

7 de julio

aquí estoy
sueño con un futuro longevo
en el umbral, el pasado
solo hay que mirar atrás
y abrazar el recuerdo
ya marchito, ya redimido

- - -

15 de julio

un agujero
cruzar el umbral
llegar desnudo
a la cita
dame un lugar
donde esconderme
para florecer
en negro

- - -


19 de julio

estoy en el patio
del hotel
sentado
veo como
el humo sube
y se funde con lo negro de la noche
de invierno
en Salta

- - - 

24 de julio

el viaje terminó
no la metáfora
todavía quedan días y años
minutos y meses
para la batalla
del momento feliz
fugaz
liviano
eterno

- - - 

26 de julio

los dos televisores
la notebook
el celular
me acuerdo cuando escribí
menos pantallas
más amor

Poemas en Agenda

Poemas - Por Marcelo Milman

11 de junio

dame un lugar
donde escapen las voluntades
quiero retribuir
al mar calmo su osadía
al otoño su desgracia sutil
y a tus labios la tibieza
de estar en casa

- - -

13 de junio

algo
en mi cuerpo urge
no es el deseo
es una letanía
gris, circular
que me empuja a huir
hacia adelante

Nuestra historia en el medioevo IV

Plaza/ Feria
Relato - Por Marcelo Milman

Durante el día soy artesano, trabajo la madera. Relojes de sol, carruajes en miniatura, embarcaciones de distinto tipo y demás objetos. Mi materia prima es el bosque: troncos, ramas, cortezas, nudos, betas y hasta hojas verdes se vuelven maleables en el transitar por mis manos. Pequeñas piezas se unen y cobran vida, artesanías que después vendo acá, en la feria del burgo. Suelo pasar aquí varias horas al día pero, tengo que confesar, últimamente no dejo de pensar en él, en Andrés, y ansío que llegue la noche para encontrarnos. Yo charlo con los feriantes, que son mis compañeros, y respondo consultas de los posibles compradores pero, siempre en un rincón de mi mente están su robustez y su forma de amar, sus ojos marrones y su gesto amable, en fin, su sonrisa y la calidez de sus labios al besarnos.

Él es campesino, trabaja la tierra aquí cerca, en los alrededores, y a la orden de un patrón de campo que, según me cuenta, es muy exigente. Y supongo que a él le debe pasar algo parecido, digo, esto de extrañarme, de extrañarnos. La siembra, la cosecha y el trabajo con los animales de la granja constituyen sus ocupaciones diurnas, iluminado por la luz del sol que, entre otras cosas, es para cada uno de nosotros la marca de la ausencia del otro, es lo que impone distancia entre nosotros.

Pero bueno, en unas horas la luna reinará de nuevo y, en algún lugar, ocultos y susurrando, vamos a transformar la noche en territorio fértil, en comunión de nuestros cuerpos y de nuestras almas.

Nuestra historia en el medioevo III

Estadio/ Establo
Relato - Por Marcelo Milman

El silencio y la desnudez nutren nuestra interacción sobre el heno. Estoy boca abajo, descansando del buen sexo, y Andrés pasa su robusta pierna sobre mí, a la altura de mi cola. Siento sus vellos y su peso, y pienso que su robustez no es solo física, sino también espiritual. Su conocimiento de los textos sagrados es abrumador. Pero lejos de la pedantería solo da cuenta de ese saber cuando puede ser de ayuda. Como cuando hablamos del Cantar de los cantares, ese libro tan distintivo dentro del Antiguo Testamento. El deseo y el amor nutren sus páginas …
En fin, en un par de horas amanece, y con Andrés tendremos que salir del establo y separarnos, por lo menos hasta la próxima noche.

Cerrar los ojos y otros relatos

 Título: Cerrar los ojos y otros relatos
Autor: Marcelo Milman Pilnick
Género: Narrativa
Soporte: digital (ePUB, PDF), papel
Año: 2023

eBook: AR$ 5000.- / U$D 3.-

Libro papel: AR$ 7000.-

Descripción: Cuatro relatos que a través del uso de la primera persona, exploran mundos relativos a lo LGBT, el BDSM, el feminismo y el materialismo histórico.

Fragmento:

En el año 1997 se estrenó la película Abre los ojos, del cineasta español Alejandro Amenábar, y en 1999 se estrenaba Ojos bien cerrados, del estadounidense Stanley Kubrick. O sea que podríamos decir que hacia el final del siglo XX se nos planteaba una disputa en torno a la mirada. ¿Qué hacer? ¿Abrir los ojos, o cerrarlos? ¿Cómo recibir al nuevo milenio? ¿Seguir mirando al mundo o alejar la luz de nuestras pupilas?

Soy crítico de cine, trabajo para medios nacionales y de afuera. Y soy bueno en lo que hago; ya pasaron un par de décadas de oficio y el reconocimiento llegó. He visto muchas películas. Infinidad de directores, actores, productores, guionistas, montajistas, y demás rubros.

Pero hoy mi elección es clara, cerrar los ojos. Voy a pasar todo el día con los ojos cerrados, como si fuera ciego. Es una experiencia que quiero atravesar. Llevo cincuenta años mirando mi vida, y a otras vidas dentro de mi vida, en el cine. O mirando miradas de los distintos directores. Y estoy un poco saturado, necesito un descanso, aunque sea breve.

Nuestra historia en el medioevo II

Estadio / Establo
Relato - Por Marcelo Milman

Estamos corriendo, con Andrés estamos poniendo a prueba nuestra velocidad, y nuestros zapatos, que se están llenando de tierra de la calle. Nadie nos persigue, pero estoy seguro que un par de feligreses nos vio besándonos o, mejor dicho, vieron a dos sombras interactuando entre sí con pasión. Vamos al establo para estar cómodos y a salvo, me dice Andrés.

En nuestro pueblo hay varios establos, pero éste es el más grande, es el que pertenece a nuestro Señor. Entramos dejando atrás el quejido de la puerta de madera, y allí tomamos distintos caminos: Andrés se tira en el heno a descansar y yo recorro caminando el lugar mientras acaricio a los caballos. Cada caricia en la cabeza de un equino hace brotar un pequeño relincho. Animales maravillosos, qué sería de nuestra sociedad sin ellos…

Me tiro en el heno y paso mi brazo por detrás de la cabeza de Andrés. Estamos los dos boca arriba, mirando el techo en silencio.
 

Nuestra historia en el medioevo

Capilla
Capilla
Relato - Por Marcelo Milman

Estoy en la parte de atrás de la capilla, y ahí percibo los labios de Andrés como nunca. Digo percibo, y el tacto florece como sentido privilegiado; podría decir que experimento sus labios, su calor, su ternura. Es de noche, pero igual nos guarecemos a la sombra de algunos árboles, ya que la luz de la luna tiene hoy algo de amenaza, involuntaria, pero delación al fin.

Sucede que Andrés y yo somos hombres, y hay algo en esta época, en el mundo, que nos obliga a lo furtivo. Algo tan noble como el amor o el deseo tiene para nosotros, y para tantos otros seguramente, el mandato del silencio.

¿Qué hacemos en las afueras de una capilla? Bueno, a pesar de que definitivamente no hay consenso sobre ello, nosotros estamos con Dios, lo amamos, y tratamos de estar lo más cerca de él que podemos, incluso cuando nos besamos. Conlleva un riesgo, es verdad, pero sabemos que él nos cobija, nos protege  y nos quiere en su morada.

¿Estamos?

Plaza del "Che", 27 y Bs. As.
Por Marcelo Milman


Estoy despierto, mis párpados abren y cierran y las pupilas hacen lo suyo (como hay poca luz están enormes). Estoy en la mitad de la noche y solo un velador baña las paredes blancas, ahora amarillas.

Estoy en mis cuarentas, muchos dirán en la mitad de la vida. Sin embargo mi pasado is just a glimpse, un instante, un destello y, yo quiero que el futuro se prolongue un poco más. Perdón por el uso del inglés, pero glimpse suena hermoso. Perdón por pedir perdón, pero hay quienes internalizaron la guerra fría y no pueden oir la belleza de las palabras.

Estoy cansado de la psiquiatría, sus diagnósticos y su crueldad.

Estoy en el umbral de una historia de amor que, si se da, va a cambiar el mundo.

El paraíso de los cazadores

Relato - Por Marcelo Milman

Estoy en la barbería, de los dos peluqueros me atiende el robusto. Con sus manos toca mi pelo y con sus ojos negros me mira, o mejor dicho a mi reflejo a través del espejo. Mi reflejo muestra a un hombre cansado, al que las noches de incertidumbre lo vienen matando, de a poco quitándole el alma. Pero sigo vivo, y lo voy a demostrar, voy a recuperar mi humanidad, nuestra humanidad.
El peluquero ahora agarra la navaja, y con movimientos ascendentes comienza a afeitarme. Huelo la sangre sobre el filo y veo su sonrisa, pero no voy a dejar que me mate. Agarro el spray para pelo y se lo rocío en los ojos, negros y desiertos como la noche de la ciudad. Hijo de puta, me dice, mientras se lleva las manos a la cara. Es hora de correr, pero no va a ser fácil: el otro peluquero se desnuda y me dice vos de acá no salís. La chica que él estaba atendiendo ya está filmando todo con su celular y le dice matalo, matalo. Me desnudo yo también, porque mi piel tiene el poder de todos mis amantes y ahora lo necesito. Se acerca con la navaja, yo junto pelo del piso y se lo tiro a la cara, y le echo spray, de nuevo, en los ojos, pero es inútil, sigue avanzando. Entonces entra un cliente. Por favor ayudame, me quieren matar. Disculpá, pero tengo turno ahora en unos minutos y estoy apurado, así que terminen con esta mierda, sea lo que sea. Se sienta en el sillón y cruza los brazos. El peluquero comienza a vestirse, yo salgo disparado hacia la vereda.

Tomando un café se me ocurren ideas, está bueno. Pero en un momento me doy cuenta de que en una mesa cercana está el hombre que me violó, hace un tiempo. ¿Es la hora de la venganza?
Me levanto con la taza de café con leche en una mano. Me acerco por atrás, la moza me mira. Giro la muñeca y lo baño en marrón indeleble. Puto de mierda, vas a morir. No te tengo miedo, de alguna manera ya me mataste, y no podés hacerlo dos veces. Se acerca, furioso. Me agarra del cuello y aprieta. Todos gritan. Mientras respiro lo poco que puedo cierro los ojos y veo flashes de mi vida: ese cumpleaños de la infancia, con amigues y mascotas en el patio de casa; mi primer contacto sexual con otro hombre, de quien nunca supe su nombre; mi primer gran amor, fallido por la interferencia de una madre homofóbica; el viaje a dedo a Misiones al comienzo del milenio. Entre muchas otras cosas.
No puedo respirar, me va a matar dos veces. Con la poca fuerza que tengo le manoseo el bulto. Se le para, de a poco pero cada vez más. Puto de mierda, me re calentás... no puedo matarte. Si me das tu teléfono te suelto. Dale, dale. Me suelta, respiro aliviado, me siento y me largo a llorar. Lo seduje para no morir.

Muestra: Pichincha prostibularia

Crónica - Por Marcelo Milman

Pichincha: Historias de la prostitución en Rosario, 1914 - 1932.

Iba a ir a un taller de canto en el CEC, pero se me hizo tarde y me acobardé. Como ya estaba afeitado y bien vestido (sin el jogging que uso en casa los fines de semana) me fijé en la agenda cultural qué había para hacer. Esta muestra del Museo de la Ciudad me pareció interesante.

Tomé el 110 en la esquina de casa. Todo bien hasta que, por 27 de Febrero, el colectivo frena de golpe. La inercia nos lleva a todos para adelante. Después dos flacos en la vereda tiran un botellazo a una de las ventanillas. Confusión, pero el colectivero los elude y sigue unas cuadras, frena y pregunta si todos estamos bien. Está hecha una locura la ciudad, dice alguien en los últimos asientos. Me bajo en Oroño, camino unos metros y llego al museo. Hay gente en los bancos de madera de la entrada, charlando, tomando sol o leyendo.

Entro y me recibe una chica que me explica que hay cuatro salas que constituyen la muestra: en la que estamos, que es chica, donde hay arte plástico de la época y textos sobre las paredes; una que expone fotos tomadas en casas de tolerancia por un joven Antonio Berni, quien después se convertiría en el reconocido pintor; y otras dos, donde hay proyecciones en blanco y negro, mapas del barrio, vestimenta y objetos como las "latas" o las tarjetas con fotos de mujeres que venían en los paquetes de cigarrillos.

Lejos del recuerdo del placer sexual y su topografía, en el patio un grupo de hombres y mujeres bailaban danzas folclóricas, revoleando los pañuelos y todo.

"El burdel y el manicomio serán esos lugares de tolerancia: la prostituta, el cliente y el rufián, el psiquiatra y su histérica -esos 'otros victorianos', diría Stephen Marcus- parecen haber hecho pasar subreptíciamente el placer que no se menciona al orden de las cosas que se contabilizan; las palabras y los gestos, autorizados entonces en sordina, se intercambian a precio fuerte. Únicamente allí el sexo salvaje tendría derecho a formas de lo real, pero fuertemente insularizadas, y a tipos de discursos clandestinos, circunscritos, cifrados. En todos los demás lugares el puritanismo moderno habría impuesto su triple decreto de prohibición, inexistencia y mutismo", Michael Foucault, Historia de la sexualidad 1. 

Mil novecientos noventa y ocho

Por Marcelo Milman

1997

- Por favor, si el año que viene voy a estudiar Teatro, ¿Para qué me puede servir esto? -le pedía al profesor. Me había sacado un cinco (se aprobaba con seis) en la última materia de la secundaria, del Politécnico. Era algo sobre carga y descarga de cereales en el puerto, tolvas, cintas transportadoras y cosas por el estilo.

1998

Ya tenía 18 y después de un intento fallido de ingresar al Conservatorio en Buenos Aires, estudiaba Actuación en la Escuela Nacional de Teatro y Títeres, ubicada en peatonal Córdoba y calle Mitre, en Rosario.
Fue un año excepcional: en las materias prácticas pude descubrir el propio cuerpo como instrumento, aprender a confiar en el otro, también que tocarse no tiene nada de malo y, en Música, ver y llorar con Amada inmortal (1994), la película que narra la vida de Beethoven, sobre todo en la escena cuando él corre y corre escapando de su padre; luego, en las materias teóricas, leer sobre dinámica grupal de la mano de los textos de Pichón Riviere, y por otro lado, clásicos griegos como La Odisea, de Homero. En paralelo y por mi cuenta, recuerdo mi abordaje al Manifiesto Surrealista, que era el texto introductorio al Pez soluble (1924), de André Breton.

Pero lo más intenso que viví en la carrera de Teatro fueron las relaciones, amistades y amores. Me enamoré por primera vez, de un compañero que se llamaba igual que yo y, que como Beethoven, también escapaba de su padre; y conocí grandes compañeros o amigos, como Héctor, Martín, Nadia o Evelina.

2022

Me despierto temprano, me hago unos mates, prendo la tele y me tiro en el sillón a navegar por las redes en el celular. Veo que tengo un mensaje en Instagram: es Evelina que me manda tres fotos. En una de ellas estábamos metidos en la fuente de la plaza López, con Anabel, cagándonos de risa, enfrente de donde Evelina vivía en ese momento y a una cuadra de donde yo vivo hoy. Éramos jóvenes y yo estaba bien bronceado, y con ropa blanca. Y esa noche fui feliz.

Presentación: libro Cuadernos de Poesía

Facultad de Humanidades y Artes

En 1999 estuve en esta misma aula, cursando el primer año de la Licenciatura en Historia, que después dejé, para hacer un largo viaje a Misiones, en el año 2000. Era el ultimo año del siglo XX y, por ejemplo, todavía se podía fumar aquí adentro, aunque ya algunos se quejaban.
Tengo varios recuerdos de esa época: el compañero buena onda con el que estudiábamos juntos, el parcial que aprobé, donde me marcaron que los paises distintos a la Argentina no eran el "resto" del mundo; mi idea de hacer un trabajo práctico para Problemática Psicológica hablando de Freud y Dalí, y el chiste homofóbico que escuché a unos compañeros en el pasillo, entre clase y clase.
Hoy, en el 2022, ya comenzamos la tercera década del siglo XXI y muchas cosas cambiaron. Ya no se puede fumar en lugares cerrados (por suerte), todos vimos un programa de TV de viajes llamado "Resto del Mundo" y, la homofobia, sobre todo después del Matrimonio Igualitario, está mal vista (también por suerte, o mejor dicho por lucha).
Pero quizás el cambio mas relevante del que yo puedo hablar hoy, en la presentación de este libro, es uno propio, mío. En esa época yo ya escribía, es más, tenía el manuscrito de un libro de poesía llamado Cada rincón desnudo; pero, dudaba del valor de lo que escribía. Hoy, en mis cuarentas, confío en que mi poesía, mi literatura, y particularmente este libro, Cuadernos de Poesía, habla de mí, de lo que soy, con mis idas y vueltas, y altibajos. Y eso es distintivo, y tiene valor.

Cuadernos de Poesía

 Título: Cuadernos de Poesía
Autor: Marcelo Milman Pilnick
Género: Poesía
Soporte: digital (ePUB, PDF), papel
ISBN: 978-987-28308-4-7
Año: 2022

eBook: AR$ 5000.- / U$D 3.-

Libro papel: AR$ 7000.-

Libro papel en Mercado Libre

Descripción: Poemas que fueron surgiendo a partir del año 2016, y que fueron plasmados de manera tradicional, analógica, con una birome sobre los renglones de distintos cuadernos. Una especie de diario, íntimo y lírico, heterogéneo en lo que a temas y estilos se refiere.

Fragmentos:


Primer cuaderno (2016)


Tapa dura como algunos recuerdos

con tonos de marrón y naranja

que remite al sepia de esas fotos con aroma a pasado

Muestra un biciclo y una bicicleta

delante de la silueta de una ciudad

antigua y moderna al mismo tiempo

Cómo te extraño siglo diecinueve


- - -


la radio se escucha en la televisión

la televisión muestra los diarios

las redes abordan los medios con ironía


mientras tanto


yo estoy en una isla desierta

y pienso en tus labios 

Calesita

Por Marcelo Milman

Hoy fue feriado por el censo, así que estaba casi todo cerrado. A la mañana me desperté, desayuné y salí corriendo a comprar cigarrillos a la estación de servicio a tres cuadras. Volví un ratito antes de que la censista me toque el portero. Le mostré el código del trámite digital, le respondí que no vivían mujeres en el departamento, y listo. Luego almorcé, y a la tarde salí a caminar, a dar un par de vueltas a la plaza. La zona de juegos estaba llena de niñes y padres, y la calesita girando y girando. Me detuve un momento a observarlos: un padre acompañando a su hija en la bicicleta, no sé si tenía rueditas o no; y una madre amacando con fuerza a su hija, que ya parecía volar; entre otres.
Tengo más de cuarenta años y no tengo hijos, y pocas veces reflexioné sobre esa posibilidad. Soy un varón cis homosexual, ponele, pero que con mi pareja (si la tuviera) no podamos gestar, hoy en día no significa mucho, hay otras formas y métodos de tener hijos. O quizá podría estar con un varón trans… Supongo que lo importante es el deseo: ¿quiero paternar?, ¿quiero tener hijos? Lo primero que pienso es que la responsabilidad que conlleva me parece abrumadora. Al mismo tiempo sé que habría en esa relación filial muchos momentos de felicidad y amor. No sé, en mí esta cuestión está como suspendida, eludida, y mientras transcurre la vida.

Promesa

Por Marcelo Milman.

Leo fragmentos, mi cabeza ingiere textos cortos de distintos autores, en el celular. Hay algo en la multitud que me atrae, que me comprende, lejos de las sábanas, pero cerca. Ayer estaba viendo tuiter y apareció un videíto porno, un oso pajeándose, y me encantó. Mi deseo sigue estando ahí. La internación no pudo sacármelo o, quizá, me lo devolvió.
La internación: golpean la puerta en lo de mi vieja, es la ambulancia y la policía; me vienen a evaluar, dicen. Dos semanas adentro, con compañeros de todo tipo (adictos, esquizofrénicos, suicidas, religiosos). En la imagen aparecen dos, Elías, quinta generación de anarquistas, y Lidia, una especie de matriarca dentro del lugar. Pero yo ya salí. Y ahora hago las compras, camino por la vereda y veo mi reflejo en algunas puertas vidriadas o en las ventanillas de los autos, y no me gusta. Pero bueno, hay que tratar de arreglarse y seguir, siempre seguir. Hoy me compré un café con leche, para llevar, y una media luna rellena con chocolate, en el bar de acá cerca donde trabajan bien. Volví a casa y desayuné, mirando tele. Estuvo bien, tengo pequeños oasis de disfrute. Después vino el gasista para arreglar la estufa y me interrumpió la escritura, por unas horas.
Pero volvamos a los fragmentos, hace un rato, también en tuiter, leí un hilo sobre 2020 y la cuarentena en Argentina. Que mal la pasé, sobreviví, como pude, pero el encierro deja marcas. Hoy tengo cuatro vacunas y la cosa está más tranquila, por suerte. Siguiendo con los fragmentos, antes de la internación también los leía, pero en libros, tenía al lado de la cama un diario (el de Ana Frank), uno de textos cortos de Benedetti, y una compilación de poesía contemporánea. Entonces, leía una o dos páginas y dejaba. Ahora quiero conseguir Teoría de la novela, de Lukacs; quiero tener una base antes de deslizarme en el camino de la narrativa larga, extensa.
Bueno, esta vuelta a la escritura tiene mucho de promesa, ojalá pueda seguir transitándola.