El libro de narrativa La desnudez de los perros fue publicado originalmente en soporte digital en enero del año 2016. Consta de tres relatos que tienen algunas cosas en común: en los títulos no hay verbo y estos tienen una estructura similar (el relato que le da título al libro, La sombra del actor, y La nobleza del chancho); los tres relatos transcurren en bares (Sambayón, Pasaporte, y El Bodegón de Refinería respectivamente); y todos abordan lo sexual en el marco de lo LGBT.
Luego, en 2019, tuve la oportunidad de publicarlo en papel con la editorial Laborde, de Rosario, junto con las micronovelas Subalterno Rey y Duelo en el mismo ejemplar. La imagen de portada de esta edición, que fue muy cuidada, es de un perro de Barcelona llamado Foc. Tanto el perro como su foto pertenecen a la española Laura Palau Nadal, a quien le pedí permiso para usarla.
La edición de noventa ejemplares se agotó, hasta el punto de que no quedaron más ni en la editorial ni en mi poder. Actualmente tengo solo uno, que encontré hace unas semanas en una mesa de saldos de usados, siete años después de ser editado.
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El monumento al barquito de papel, giro a la izquierda por la rotonda, hago unos metros por Francia y agarro Arenales. Atravieso esa cuadra, esa única cuadra que es todo barrio, o pueblo, o siglo XIX, no sé bien cómo definirla, pero sé que su atractivo reside en contrastar de manera brutal con las torres nuevas de Puerto Norte. Llego a la esquina y veo a El Bodegón, ese rincón de Refinería que está desde 1903 y es un encanto, donde además atienden tan bien y sirven tan rico.
Dejo la bicicleta apoyada en la baranda y empiezo a analizar qué mesa voy a ocupar. Es temprano y soy el único cliente, así que tengo varias opciones. Me decido por sentarme afuera, en la mesa que tiene más sombra, la que está debajo del árbol, porque en esta mañana de domingo el sol ya es una variable a tener en cuenta.
Estoy algo agitado, y transpirado, pero con el fresco que corre me siento a gusto. También tengo hambre: en casa sólo tomé unos mates, y el pedaleo despertó mi apetito. Me desayunaría el planeta.

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