Barítono - 9

Novela en episodios - Por Chelo Mil

Su padre murió. Tenía cáncer hace años y en los últimos meses se deterioró con rapidez. No tocaba ningún instrumento ni cantaba, pero era un ejemplo de público, fervoroso y estimulante; aplaudía, pegaba gritos y siempre tenía una devolución positiva.

Ahora nuestro barítono estaba en la playa. Era verano y era un lugar acorde para estar, sobre la arena en la reposera, con la sombrilla para evitar el sol que cada año está más fuerte. Tenía la opción de meterse al agua, al río, y de vez en cuando lo hacía para sobrellevar el calor.

Pasaba un barco carguero, imponente, llevando seguramente cereales a algún puerto europeo. Su estela llegaba hasta las orillas, y los kayaks y las embarcaciones de menor porte lo eludían. Enfrente se veían las islas entrerrianas, con su verde virgen y un parador de tanto en tanto.

Era el atardecer, que desplegaba sus matices sobre el horizonte. Las nubes algo transparentes eran el lienzo sobre el que Dios se expresaba. Él se sentía conmovido por lo que veía y no sabía por qué. 

Sucede que a veces, cuando se va alguien querido, éste se convierte en paisaje.

Barítono - 8

Novela en episodios - Por Chelo Mil

Bienvenidos, feliz año nuevo, nos dijeron en la recepción. Acto seguido nos ubicaron en nuestra mesa. El aire acondicionado estaba a full, y soportarlo iba a ser uno de los desafíos de la noche. Está bien que el calor en la calle era agobiante, pero no era cuestión de irse al otro extremo.

Nuestra mesa daba al ventanal, y desde ella se veía la vereda, donde había unas pocas mesas afuera ya ocupadas y por donde todavía pasaban algunos transeúntes.

Llegamos a las veintiuna y ya había una pequeña banda de jazz instrumental tocando en vivo, lo que fue una especie de caricia. Para nosotros fue una sorpresa: sabíamos de memoria el menú de la cena, que constaba de varios pasos y algunos nombres en francés, pero el detalle de la banda nos sorprendió. Empecé a preguntarme si podría unirme con la voz a algunos temas, la improvisación no era mi fuerte, pero algo podía aportar, qué sé yo, un standard, algo. Me acerqué al trompetista, y al terminar el tema lo abordé. Le expliqué que era cantante lírico, pero que algo podíamos probar. Su respuesta fue instantánea y positiva, me sumé. Mientras cantaba sentí una energía que iba desde la garganta hasta la coronilla.